Psicoanálisis y Yoga

Andrés Quesada Crecimiento Leave a Comment

Es un placer y compartir con vosotros este regalo que nos hace Vicent Pi Navarro, desde su experiencia como Psicoanalista y ahora también como practicante de Yoga en Espai Món Sà.

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La vida está hecha de movimientos y ritmos. En la vida mental, estos movimientos se construyen desde las presencias y las ausencias, los encuentros y las despedidas de los vínculos. Son procesos continuos de cambios, experiencias nuevas, intriga por lo desconocido que llamamos duelos. La vida afectiva, la vida mental, es un continuo duelo por lo que dejamos, lo conocido, lo ya vivido y el afán de lo nuevo, la transformación y el cambio. Nos hacemos en la relación con nuestros semejantes.

Así que, un día, al jubilarme, después de desarrollar mucho la mente y el cuerpo quejarse, por los continuos descuidos, en pleno proceso de duelo, decido probar yoga. El encuentro fue con Andrés, con sobrenombre Prem Raja. Ahí se produce un diálogo, a través de ese espacio, con intercambios desde mi experiencia como psicoanalista y Andrés yogui. En realidad, la interiorización de los mensajes interactivos, resuenan en mí dentro de lo que es el propio desarrollo vital, ahora en esa parte de la mente que llamamos cuerpo, siendo así que siempre he tenido un exceso de esa otra parte de la mente que llamamos psique.

En ese sentido, se produce en mí la intersección de los dos modelos mentales, construidos digamos para una mayor felicidad, bienestar o armonía en la identidad. Los dos modelos tienen su propia técnica, lenguaje, instrumentos de interacción terapéutica, pero en lo profundo encuentro semejanzas y más aún, conceptos y desarrollos en los cuales cada uno se puede beneficiar de las evidencias terapéuticas del otro modelo.

Por lo tanto, de lo común, voy a hablar, como si hablase de los dos modelos terapéuticos. Se trata por lo tanto del funcionamiento mental, que reside tanto en la psique como en el cuerpo. Desde el uno, se influye en el otro y más aún, no existe el uno, no se transforma uno, sin el otro.

Sobre caminos distintos, espacios mediadores y terapéuticos singulares, unos sobre las sensaciones, el otro sobre la pulsión y los deseos reprimidos que se presentan en la mente en forma de ideas reiterativas y hacen impensable el presente, la conciencia se perturba, alterada por los síntomas corporales, las tensiones, las enfermedades y las irrupciones afectivas que la desbordan en forma de miedo o angustia. En otras ocasiones, las irrupciones conflictivas quedan en forma de ideaciones reiterativas, a veces absurdas o sin un fin funcional. La conciencia se hace presente, toma su autoridad y se hace funcional, fijando la atención en el sentir sensación en el yoga, o el sentir afecto en el psicoanálisis.

La meditación solo es posible si con una u otra técnica el mundo emocional está tranquilo. Si el yoga es el preámbulo de una mente receptiva, es decir, tranquila, sin parásitos ideativos, para un pensamiento creativo, es decir, apta para recibir la idea original, el psicoanálisis se basa en el vínculo terapéutico y la interpretación para deshacer los dobles lazos del inconsciente que enturbian la mente.

Hemos llegado por lo tanto, a que la mente, el darse cuenta, se tiene que basar en el presente, no en los hijastros del pasado ni en las exigencias del futuro. Andrés dice, “aquí ahora es”. El trabajo fundamental es de la conciencia.

La conciencia tiene muchas instancias, instrumentos para poder pensar: la memoria, la atención, la indagación, la empatía, la voluntad,… y llegamos a una especial, la atención en el aquí, en el ahora, y en ese espacio transicional, en lo que es, sea sensación, sea afecto, al final la experiencia emocional, como espectadores de nuestro mundo interno o del mundo externo.

La atención es el músculo mental para el desarrollo de la conciencia que nos permite vivir el presente, por lo tanto, desarrolla nuestra memoria identitaria. Es decir, la memoria que se transforma y crece en la experiencia del presente. Y aquí, la capacidad contemplativa hacia la diversidad y la belleza interna y la belleza externa, alimento del alma a través del darse cuenta.

Lo contrario es la conciencia perturbada que en el ahora mira y no ve, escucha y no oye, habla y no escucha, invadida por un pasado tramposo que se hace presente.

Por otra parte la atención se alimenta a través de los órganos sensoriales que pueden ser contemplativos o interiorizan, y órganos sensoriales que expulsan. Reciben, contienen o aman; expulsan, agreden o perturban el medio mental o social. La mirada puede ser por lo tanto, amorosa o violenta, y así los demás sentidos.

Se requiere una mente reposada, sin significados del pasado, a ser posible vacía, para que surja el pensamiento profundo, interno. En ocasiones es cerrar los ojos, no mirar, contemplarse internamente y que aparezca la imagen inconsciente. Es la imaginación.

Los modelos teóricos de las dos técnicas puede ser muy extenso, pero Andrés tenía interés en la ejemplificación psicopatológica, digamos mi especialidad, y en lo más evidente, en el autismo, por la relación evidente que tiene que ver con la conciencia y la atención. Aunque cada identidad tiene un desarrollo de la conciencia y sus funciones mentales para construir sus síntomas.

Pues bien, el niño autista, consigue tener vacía la conciencia, evitando el mundo emocional, el deseo, las necesidades culturales, la intencionalidad, siendo solitario, evitando la relación social, a través de sus estereotipias. Siente sensación y así evita sentir afecto.

Lo consigue focalizando la atención sobre un órgano y a ser posible una sensación o sensoriomotricidad, sin posibilidad de integrar, armonizar percepciones, relaciones sociales y por lo tanto afecto. Las desarmonías están en todos los aspectos de su personalidad que no se pueden desarrollar.

Las psicoterapias intentan que integre distintos órganos, motricidades, en relaciones sociales y tolere sentimiento. La ayuda es muy parecida al objetivo yogista o al objetivo psicoanalista. Se trata de integrar partes, armonizarlas, significarlas.

Nosotros, a la vez, también privilegiamos muchas veces un sentido o unas sensopercepciones. A veces, nerviosos, hacemos estereotipias o tenemos tics, también tenemos conductas e ideas reiterativas, sin un fin funcional. Solo que en la armonización, integración, si es un logro evolutivo que indica cierta salud mental, implica capacidad de pensar, es decir, relacionar elementos, y podemos entrar y salir, nos refugiamos en nuestro autismo o salimos a nuestra experiencia interna o externa.

Sin embargo, no quería hacer un desarrollo psicopatológico, sino indicar los beneficios del yoga o el psicoanálisis en los problemas mentales, tanto físicos como psíquicos. La mente la podemos considerar como distintos cuerpos que se integran como las muñecas rusas. La acción sobre uno de esos cuerpos transforman los otros cuerpos. Cada modelo lo representa de una forma. El más sencillo para mí psicoanalítico es el alma inconsciente con su sentir sensorial y corporal, el sentir emocional, la psique inconsciente con la imaginación y la psique preconsciente con la palabra, con una conciencia que los desarrolla y los integra, alimentándose de la cultura.

Hay muchos otros esquemas. Uno popular dice que el rostro es el espejo del alma. Significa en mi esquema, que el alma crea una mente que representa y se proyecta en el cuerpo, en el rostro, en lo que se piensa, en lo que se dice, en lo que se hace. El alma se refleja, construye, se proyecta, en sus manifestaciones corporales y psíquicas. El cuerpo y la psique son un síntoma de nuestro espíritu.

El yoga focaliza la atención en la respiración con las sensaciones corporales, a través de los estiramientos que integran imágenes mentales del esquema corporal y de la envoltura dentro de la cual vivimos. Por lo tanto, es un trabajo de integración a través del ritmo, muy cercano al nacimiento del alma, para poder escucharla, sentirla. Es por lo tanto una técnica beneficiosa a la falta de integración, porque tiene la capacidad de síntesis o de sentido común, de los problemas mentales. El yoga articula, integra, a través de la atención, creando conciencia de sensopercepciones e imágenes.

Aunque está claro que en la paz de la meditación transcendental, si se calla el sentir, si no existe el imaginar, si se consigue, aparecen los pensamientos más originales, las vibraciones del alma.

Focalizamos la tención en nuestra experiencia emocional, integrando sensaciones, afectos, imágenes, relaciones sociales, y a eso llamamos conciencia. Recordemos, conciencia del presente que es la mejor manera de construir el futuro. No un pasado, que no nos deja vivir el presente y nos promete un futuro como el pasado.

Vicent Pi Navarro

Psicoanalista

 

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